viernes, 9 de febrero de 2018

SOÑANDO IDENTIDADES.



STORYTIME:

Hace algunos días tuve uno de los sueños más extraños que he tenido en mi vida adulta. Sucedió que me quedé dormido con mi tablet, reproduciendo un video y supongo que se quedó en reproducción automática y reprodujo un video de Amado y Kaifaz, del canal No Creo en Karmatron, mientras yo dormía.

Supongo que debido a esto empecé a incorporar el audio de su podcast, como parte de mi sueño. Como si se tratara de una escena de Twin Peaks, no es la primera vez que me sucede y supongo que le sucederá a todo mundo.

Dentro de mi sueño, me encontraba sentado junto a un amigo (al cual en la vida real llevo como 10 años de no ver en persona) en lo que aparentaba ser un parque al aire libre, durante la tarde.

Mi amigo buscaba en google (tenía una laptop) alguna manera efectiva de fingir una avalancha de tierra. No entiendo el porqué, pero estaba muy interesado en eso, tanto así que no se dio cuenta cuando una mujer joven, de cabello negro y corto, que usaba lápiz labial color violeta, vestida con un CONJUNTO DEPORTIVO NEGRO (?) se sentaba a mi derecha mientras hablaba como Kaifaz.

Luego de eso no recuerdo mi reacción ni nada más. Pero intriga mucho el por qué mi inconsciente decidió darle esa imagen a la voz de Kaifaz, tanto que decidí dibujarla. 

 
He intentado hacer memoria y realmente no refleja a ninguna persona que yo recuerde de la vida real. Además de que la puesta en escena que hizo mi cerebro y el hecho de que me encontrara al lado de un amigo que hace mucho tiempo no veo, me pareció muy inquietante. 

jueves, 6 de julio de 2017

NO CREO EN KARMATRON El origen.

Finalmente aquí esta el origen de Amado y Kaifaz, los creadores de No Creo en Karmatron. Por fin nos enteraremos como fue que inicio la aventura de estos "condenados". Pueden leerlo a través de las imágenes de este post, o bien descargar la versión PDF o CBR en los siguientes links:
















jueves, 27 de abril de 2017

SPIDERMAN EN EL ESTADO DE MÉXICO

El día de hoy descubrí una grandiosa convocatoria por parte del evento ECATECOMIC, una convención de comics… o algo parecido, que se llevará a cabo alrededor de junio de este año 2017 en Ecatepec, Estado de México.

La convocatoria no podría ser más razonable, entre otras cosas se te pide que hagas un comic de 8 páginas, además de una portada. En la historia Spiderman debe de visitar el estado de México, en busca de una reliquia arqueológica que podría salvar al mundo de un supervillano. Además dentro de la historieta debes incluir un villano nuevo.

Lo mejor de todo viene a la hora de descubrir el codiciado premio de este concurso de ecatecomic, pero no voy a ser yo quien se los diga. Mejor véanlo por ustedes mismos:


Si quieren pueden leer la convocatoria completa en esta página, la cual no tiene desperdicio.



Por mi parte me acabo de emplear a fondo y he logrado terminar, (en tres horas) antes de la fecha límite para este concurso, mi propuesta para participar con Spiderman en el estado de México. A continuación podrán leerlo en este blog, o bien descargarlo en formato PDF, tal y como lo pide la convocatoria.


Nótese que he cumplido todos los requisitos técnicos de la convocatoria, incluido el tamaño tan especifico y poco común de 17x25.5 cm. Dispónganse ahora a disfrutar, en carne propia, un hito más dentro del mundo del noveno arte. 

SPIDERMAN EN EL ESTADO DE MÉXICO.











lunes, 3 de abril de 2017

NOSOTROS MISMOS.

Atravesamos el amplio patio de recreo, conscientes de que esa sería una de las últimas veces que pisaríamos ese suelo, rodeado por los edificios de nuestra escuela secundaria.

Mientras caminaba en medio de ese patio, tenía una percepción extraña de mi entorno. Seguramente se debía a todas las imágenes de videojuegos y películas en CGI que inundaban los medios de comunicación, en aquel último año del siglo 20.

Todo el entorno en el que nos encontrábamos en ese momento, me parecía una escenografía virtual, como si estuviera a dentro de un videojuego de Nintendo 64 o Play Station.

Esta sensación que tenía se veía aumentada seguramente, por el hecho de que tanto el patio, como los edificios de salones estaban prácticamente vacíos. Pocas veces habíamos podido ver el patio y los salones de la escuela estando vacíos.

Nos encontrábamos fuera del horario regular de clases y casi parecía que todo nuestro entorno estuviera siendo creado solamente para nosotros. Para Enrique y para mí.

- ¡Eh wey! Chécale que no venga nadie, si no van a creer que andamos panchando los pinches balones.

- Si a huevo, y nos metimos a robar con el uniforme de la secu puesto, pendejo.

Cuando somos jóvenes carecemos de muchas cosas. De dinero, de libertad, de vocabulario. Algunas de esas libertades suelen venir solas, las obtenemos con tan solo seguir cumpliendo años.

Otras libertades en cambio las obtenemos desarrollándonos y superando precisamente nuestras carencias de cuando jóvenes.

Lo bello de aquella época de adolescencia es que sentíamos que nuestra vida podría cambiar al dar la vuelta en cualquier esquina. Teníamos una sensación de que en cualquier momento, una especie de misterioso poder interno, oculto incluso para nosotros mismos, podría liberarse y convertirnos en lo que realmente éramos.

Nos convertiríamos repentinamente en aquello que en esa época  intuíamos que éramos.

Para algunos afortunados esto de verdad  sucede, repentinamente sin que sepamos cuando. Quizás en una tarde cualquiera, en la que te metes a la cancha de secundaria, sacas un balón sin permiso y te pones a jugar basquetbol con tu mejor amigo de toda la secundaria.

- Pinche Enrique siempre fuiste mejor que yo en el básquet. -Le dije, tratando de que mi elogio no sonara como un elogio, precisamente.

- ¿Has visto a Mario?- Me contestó mientras recuperaba la pelota para la siguiente jugada. – Yo así pensaba antes de ese wey. El año pasado, en segundo, yo lo veía y decía: “No mames”. Porque nomas agarraba una pelota y la encestaba.

Pero luego de empezar a practicar y ahora que fuimos al campeonato el mes pasado… pues Mario no juega tan chido como yo pensaba.

Me reí un poco mientras me sentaba en una bardita, que estaba en las orillas de la cancha. En realidad nuestra escuela aún se estaba construyendo, así que la cancha de basquetbol, que también servía para todos los demás deportes posibles, en realidad no se diferenciaba mucho de un terreno descampado.

No sé qué fue lo que interpreto Enrique con mi risa, porque siguió hablando.

-O sea, si la arma “dos dos” el wey. Pero nada más.

Enrique se acercó a mí y se sentó a mi lado.

Desde primero se secundaria Enrique y yo fuimos los mejores amigos. Siempre estábamos juntos él y yo. Desconozco las costumbres de los jóvenes de ahora, pero en aquella época esto no era nada raro. Era muy frecuente que los grupos de amigos fueran de a tres, cuatro, cinco ya eran demasiados.

Imagínense ir en un grupo de a cinco personas para todos lados, parecerían los Power Rangers.

Enrique y yo éramos el grupo de amistad más pequeño posible. Solamente él y yo.

Aunque como les digo no era algo raro, tampoco nos libramos de que los demás nos consideraran “los camotes” el uno del otro. Aunque nunca paso más allá de la “carrilla” razonable, dentro de la secundaria.

- Pinches años se fueron “de pedo”. –Dijo Enrique con tono melancólico. Más bien con el tono más melancólico que se puede obtener con ese vocabulario. Y continuó diciendo: -¿Cuánto hace que nos daba clase la profe Gloria en primero, te acuerdas?

- Como no me voy a acordar de “la chicher” de inglés.

- “La chicher” a huevo.

Como todas las amistades escolares. Enrique y yo nos hicimos amigos, solamente porque nos sentábamos cerca en el salón de clase. Pero con el paso de los días nos dimos cuenta de que vivíamos muy cerca el uno del otro.

Poco a poco, Enrique se volvió mi mejor amigo y también la suerte decidió que nos tocara en el mismo salón durante segundo y tercero de secundaria. Este era el tercer y último año que pasaríamos juntos.

- Dicen que entre más viejo te haces, sientes que la vida pasa más rápido. Lo dijeron en un documental la otra vez. – Agregué, casi de manera automática.

En ese momento estaba más bien recordando las cosas que habíamos pasado en aquellos tres años de secundaria.

- Pos a lo mejor si es cierto, porque acuérdate en el primer año de secu, cuando llegamos. ¿A poco no pensabas: “pinche hueva, voy a estar aquí tres años”? Y las pinches clases se nos hacían eternas. Pero el año pasado, cuando empecé yo dije: “No mames, ya nomás falta un pinche año para acabar y la neta no sé qué pedo”.

- Pos si, por eso uno se la tiene que pasar chido todo lo que pueda. Y hacer todas las pinches mamadas que quieras ahorita, porque al rato dicen que te empinan bien gacho en la prepa y peor en la universidad. Disque te encargan un chingo de tarea y la madre.

- Si es cierto wey, así está mi carnal ahorita en la pinche facultad, se acuesta bien tarde haciendo quien sabe que chingados.

Voltee a mirarlo al mismo tiempo que él hacia lo mismo y nuestras miradas se cruzaron accidentalmente. Instintivamente sonreímos.
- Nos va a cargar el costo, a cada quien por nuestro lado.

La frase de Enrique hizo que los dos riéramos. Aunque lo terrible es que era verdad, a partir del próximo ciclo escolar Enrique tomaría un camino distinto al mío.

Yo optaría por un bachillerato propedéutico y Enrique entraría a un instituto técnico. Solía decirse, en aquellos años, que las personas que optaban por una educación técnica en lugar de una preparatoria simple, en realidad eran los jóvenes que ya sabían a lo que se querían dedicar, que tenían más clara su vida y sus objetivos.

Lo cual es sumamente irónico, si pensamos en los memes que se hacen actualmente en internet, al respecto de este tipo de instituciones.

Nuestro cruce de miradas me hizo sentir mariposas en el estómago. Aunque en honor a la verdad, cuando uno tiene 15 años se la pasa sintiendo mariposas en el estómago todos los días.  Pero si he de continuar “honrando la verdad”, también debo decir que quien más provocaba en mí, esas mariposas, fue Enrique.

Nunca me atreví a  admitirlo. Es verdad que aquellos tiempos eran mucho más abiertos, aun rondaba por el aire, el tufo de la homofóbia de décadas pasadas.

Aun en aquella época, estando en los albores del siglo 21, la homosexualidad y quienes la apoyaban, aun eran minoría.

Además de todo eso, Enrique era solamente mi amigo, pensar cualquier otra cosa era una locura. Y yo tampoco quería arruinar esa amistad. La idea de perder a mis seres cercanos siempre me ha acobardado.

Aunque en realidad eso pasaría, de una manera u otra. Enrique y yo pasaríamos a formar círculos diferentes, a partir del próximo ciclo escolar.

¿Acaso veía en su rostro una sonrisa triste? Hice un gesto repentino con la mano, le quité la pelota y entre de nuevo en la cancha.

- A ver si es cierto que te apañas a Mario, cabrón.

- No mames, está bien que Mario no juegue tan chido pero tampoco es para compararlo contigo.

Enrique intentó quitarme la pelota y en el empujón los dos perdimos el equilibrio.

No caímos, pero en el movimiento brusco ambos quedamos muy cerca del otro, como cuando uno juega al twister.

Enrique estaba encima de mí, era la primera vez que lo tenía tan cerca y pude sentir su respiración en mi cuello.

Sin saber qué hacer, mantuvimos esa posición más tiempo del necesario. Fue un momento tan largo, que se sintió como la más sincera de las confesiones.

- Perdón… -Dijo Enrique, de manera nerviosa. Obviamente.

Empezó a apartarse lentamente, pero mi mano se puso en su espalda y lo detuvo. Hasta el día de hoy sigo preguntándome: ¿Quién fue el que movió mi mano, para detener a Enrique junto a mí?

De lo único que estoy seguro es que no fui yo.

Me habría encantado haber dicho algo. Una frase que hubiera enmarcado ese momento para siempre, en la memoria de nosotros dos. Pero como dije, en aquel entonces nos faltaba el vocabulario. Pero la falta de palabras la sustituíamos con el instinto silvestre, propio de la juventud.

Subí mi mano por su nuca, acaricié su cabello por primera vez y acerqué su rostro al mío para darle, lo que en mi mente era, el mejor beso que había dado hasta ese momento.

Extendí ese beso lo más que pude, no me quería separar de él.

Dicen que los recuerdos se fijan en tu memoria deprendiendo de la carga emocional o la adrenalina que tengas en tu cuerpo, al momento del suceso. Si esto es verdad, seguramente ese beso será uno de los últimos recuerdos que se borren de mi cerebro, cuando el olvido que trae consigo la vejez, se instale en mi cabeza.

Enrique simplemente se dejó llevar por mí.

Cuando el largo primer beso terminó, Enrique me confesó.

-Nunca supe cómo decírtelo… tenía miedo de que tu no sintieras lo mismo y te enojaras…

- Yo también.

En ese momento no sabíamos lo que estábamos haciendo.

Hasta donde sabíamos podría ser malo, podría ser vergonzoso y hasta podría ser pecado. Pero era tan intenso que todas esas ideas perdieron su valor. Algo tan intenso necesariamente es verdadero. Y si algo es verdadero, quizás puede ser incomodo, pero de ninguna manera lo verdadero puede ser malo.

Un poco más tarde, ese mismo día, expresamos nuestra recién confesada atracción de la manera en que mejor pudimos. No me atrevo a afirmar que ese día conocí, junto con Enrique, lo que es el amor.

Éramos demasiado jóvenes como para llamarle amor. Para explorar los entresijos de lo que llaman amor, ya tendríamos suficiente tiempo después.

Ese día solamente nos descubrimos a nosotros mismos.

martes, 10 de enero de 2017

MEDITACIONES SOBRE LA ROPA DE INVIERNO.


Mis posesiones se dividen en varios tipos. Las cosas que guardo para nunca más volver a buscar. Las cosas que guardo, pero sé que tendré que volver a buscar eventualmente. Y finalmente las cosas que guardo cada año, con la certeza de que el próximo año (si todo sale bien) volveré a buscarlas porque me serán necesarias.

La ropa de invierno cae en esta última categoría. 

Una particularidad mía es que tengo una memoria terrible.  Suelo olvidar cosas, sucesos enteros, conversaciones importantes y hasta temporadas completas de mi vida. Lo olvido de manera involuntaria, pero muy fácilmente. A veces, cuando releo mis diarios personales de juventud, me pregunto: ¿Cuándo tuve un amigo apellidado Méndez?

Quizás a manera de compensación, la naturaleza ha hecho que tenga una memoria sensorial que es muy vívida, pero que también escapa de mi control. Esto significa que muy a menudo me encuentro recordando cosas por simple accidente.

Por ejemplo al escuchar una canción que hacía mucho tiempo no escuchaba, suelo recordar las cosas que hacia al momento de estar escuchando esa canción. Por ejemplo, una canción de hace uno o dos años, me hace recordar la pieza exacta en la que estaba trabajando al estarla escuchando.

Muchas veces incluso puedo relacionar canciones o segmentos de algún podcast que estuviera escuchando, con la parte exacta del dibujo en el que estuviera trabajando en ese momento. Podría decirse que tengo el tipo de memoria eidética más inútil del mundo.

Muchas veces al escuchar una canción del recuerdo (años 2000) recuerdo la calle por la que iba caminando al momento de estar escuchando esa misma canción en mi walkman de cassette a los 15 años.

Una canción de mediados de la década de los 2000 me recuerda a la noche que me pase en vela haciendo una detallada maqueta. No me refiero a que me recuerde a aquella época donde me pasaba las noches en vela. Quiero decir que me recuerda a una noche en específico, cuando para mantenerme despierto sintonizaba cualquier estación de radio y me pasé escuchando la misma maldita canción cada 20 minutos, durante toda la madrugada.

Y así con todo. Cuando me acerco un frasco de tinta china a la nariz para olfatearlo, recuerdo la primera vez que volqué un frasco de tinta china abierto sobre mi mesa de dibujo. Cuando apenas estaba en secundaria.

Esto también me sucede con sensaciones. Hace unos cuantos días, mientras trabajaba a las 3 o 4 de la mañana, casi a contrarreloj. De pronto sentí un vacío en el estómago, seguramente provocado por la desvelada, y en ese momento me remití instantáneamente a hace casi 15 años, el inicio de mi etapa universitaria.

En aquella época, por mi horario de clases, tenía que despertar a las 4 de la mañana para hacer tarea de dibujo técnico. Recordé la sensación de apuro, la incertidumbre de estar haciendo ejercicios que en ese momento significaban un reto para mí, incluso recordaba el color amarillo del papel marquilla en el que hacia los ejercicios.

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El olor de cierto tipo de papel y tinta me remite a los distintos tipos de libros que usaba en la primaria. Están los libros de texto gratuitos, que tenían cierto tipo de olor. Y luego estaban los libros de texto (no gratuitos) que mis padres tenían que comprar y que tenían materiales y olores diferentes.

Por alguna extraña razón, ni los libros de secundaria, ni los libros de preparatoria tuvieron ningún olor característico para mí.

La primera vez que escuché la canción de “While my guitar gently weeps”, siempre viene a mi memoria cuando huelo caucho quemado… en fin, creo que ya entendieron el punto.

Exactamente lo mismo me pasa al desempacar todos los años mi ropa de invierno. Pues es una ropa que uso muy pocas veces al año. Así que mi ropa de invierno me remite fácilmente a las situaciones que he vivido año con año, cada vez que la uso.

La ropa de invierno es la única ropa que se mantiene intacta durante todo el año. Muy similar a la manera en la que considero mis recuerdos. Intactos y listos para volver a sacarlos en cualquier momento, que en mi caso es al azar. Para volver a ponerme feliz, para volver a ponerme triste, para volver a sentir dolor.

De la misma manera que la ropa, también los recuerdos que usas más seguido son los que se gastan y dejan de servir, más rápido. En cambio los recuerdos que guardaste más al fondo del ropero, son los que están mejor conservados. Curiosamente también son los que suelen ser más alegres o más dolorosos, no existen medias tintas.

Cada vez que saco mi ropa de invierno me encuentro sorpresas, algunos años me encuentro con que la ropa me queda chica, otros años me encuentro con que me queda grande.

Tengo una colección de ropa que ya no podría volver a ponerme nunca, de la misma manera que todos tenemos una colección de ausencias. Y al voltear a ver esta colección no puedo evitar preguntarme: ¿Quién se unirá a esta colección este año? ¿A qué cosas y a que personas estaré recordando el próximo año, como meros artículos, dentro de mi guardarropa?

Lo peor que te puede pasar, al momento de sacar algún recuerdo de su lugar, es que descubras con desilusión que ese recuerdo ya no te queda. La desilusión viene porque uno sabe que el recuerdo no ha cambiado en lo más mínimo. El que ha cambiado es uno. ¿Y qué puedes hacer entonces, con un recuerdo que ya no te queda?

viernes, 14 de octubre de 2016

MEDITACIONES EN UN CASO DE PLAGIO.



Luego del HAKUGATE de ayer, me parece interesante el explicar un poquito la razón por la cual, cada vez que pasa algo como esto la mayoría de los artistas gráficos se empiezan a arrancar los pelos de las patillas por el cringe, pena ajena y un poco de descredito generalizado que nos cae a todos los ilustradores.

Advierto que yo no soy de esos, cuando llevas algunos años haciendo y conviviendo en estos ámbitos, te das cuenta de que todo fue inventado prácticamente en la Grecia clásica. Aun así, por alguna razón que no podemos explicar, todos los seres humanos tenemos una pulsión de interpretar, reinterpretar y seguir reinterpretando constantemente todas las cosas. El mismo Freud pensaba que nuestra vida adulta no es más que una reinterpretación de nuestra niñez.


¿QUE ES COPIAR PARA UN DIBUJANTE?

Dicho lo anterior, existe una deontología no escrita del dibujante, que expresa, palabras más, palabras menos que: si te descubren “copiando” has de ser amarrado en la picota, humillado, sobajado, deshonrado, se te arrancarán los cabellos uno a uno y con ellos se te confeccionará un ropaje áspero, para que lo uses durante la procesión de la vergüenza, hacia la montaña del descredito.

Una vez en la montaña del descredito, se te quitará la picota porque se necesita urgentemente para ponérsela al próximo dibujante que acabamos de descubrir copiando. Este es un ritual que se repite una vez cada seis meses, más o menos. A veces más, depende de que tan cerca estés del DF.

Sin embargo, oh querido y profano lector, el copiar para un artista no tiene el mismo significado que para el plebeyo no instruido en el refinado arte de morirse de hambre. Un dibujante, un escultor, un escritor, un animador, hasta un músico, etc. Tienen algo en común: reinterpretan la realidad, cada uno a su modo y cada uno con sus herramientas.

Tomemos como ejemplo a Andy Warhol. No estoy seguro pero hasta donde conozco, Andy Warhol solamente agarraba un pincel para firmar las serigrafías o gigantografías que alguien más hacía por él. Podríamos decir que Andy Warhol no solo copiaba, si no que tomaba trabajos que no eran de él, los reproducía chapuceramente y los vendía por cantidades exorbitantes. Aún así, Andy Warhol tenía algo original que era su discurso. Si ya saben, aquel de la producción en masa, la desvirtualización de la copia y demás tonterías que al ser tan vacías ya se me olvidaron.
  
¿ME ESTÁS DICIENDO QUE LOS ARTISTAS COPIAN?      

Luego, los que vinieron después de Andy Warhol e hicieron lo mismo que él, ellos sí que copiaron. ¿Lo ven? Para quienes nos dedicamos a esto, lo importante no es la forma si no el concepto y la reinterpretación del mismo. Dicho de otra manera, yo puedo tomar a la Mona Lisa y si la manipulo (no directamente, de lo contrario me condenarían a 5 mil años de cárcel), más bien manipulo su concepto, lo cambio y le aporto de una manera que la obra hable por sí misma. Entonces podría lograr que la obra se convierta en una obra derivada pero independiente (“derivada” es la clave) y que de todas maneras nadie me va a querer comprar.

Pero habré triunfado como creador de arte, aunque no así económicamente. El ejemplo máximo de esto es La Mona Lisa DE SALVADOR DALI. O en su defecto, cualquier meme de internet.

Existe otra manera de copiar y salir impune, y aunque podría tratar de explicarlo, no hay necesidad pues el autor Austin Kleon la explica mucho mejor que yo, en su libro “Steal Like an Artist”. Básicamente se trata de tomar una obra existente y trabajar sobre ella, aportarle, cambiarla, hasta el punto en que si te encontraras en medio de un juicio donde estas siendo acusado de robo, por el artista de la obra original, los peritos no pudieran encontrar ninguna prueba para condenarte.

Esto es un poco como la paradoja de Teseo, en donde tienes un barco y poco a poco le vas haciendo reparaciones, le vas cambiando piezas hasta que un día le has cambiado todas las piezas y todos los materiales, al punto de que no queda ni un solo fragmento del barco original.

En ese momento ¿Nuestro barco sigue siendo el mismo barco que teníamos al principio? Bueno, para un valuador inmobiliario seguramente no, y eso es lo único que necesitamos saber los creativos. Jo, jo, jo.
  
EXISTEN GENIOS PERO ELLOS NO ESTÁN AQUÍ.

Finalmente existe una clase especial de seres, personas como Isaac Asimov, que seguramente escribía libros hasta con los dedos de los pies, de lo contrario no me explico cómo pudo llegar a escribir tanto. O personas como Stephen King, que pueden escribir dormidos, alcoholizados, drogados y hasta atropellados. O gente como Bob Ross, que podía pintar un cuadro en media hora… Bueno si, este último fue un chiste, pero los dos primeros no.

El resto de nosotros, los creativos que no somos geniales, tenemos que seguir ciertas reglas, técnicas y hasta trucos para poder terminar ciertos trabajos en ciertos plazos de tiempo.
  
¿ENTONCES SE VALE O NO SE VALE CALCAR?

Lejos del asunto que sucedió ayer con la joven diseñadora Mariana Villanueva y con el cual todos (los que no somos ella) nos divertimos mucho. El calcar es un acto muy común en la vida del dibujante. Pero Mariana Villanueva calcó en donde no debería de haberlo hecho. En términos futbolísticos cometió un fuera de lugar.

No existe una manera sencilla de explicar esto, lo único que se me ocurre es el hacer una descripción de situaciones o casos en los que el sentido común de un dibujante nos indica que podemos calcar y otras situaciones en las que nuestro sentido común nos indica que no deberíamos o no tendríamos por qué calcar.

- A la hora de pasar un dibujo a tinta, es buena idea entintar sobre otro papel y usando una mesa de luz, para así no perder el original en lápiz.

- Si cometiste un error que arruinó toda una pieza, es una buena opción calcar el trabajo que ya llevabas realizado en una hoja nueva, para seguir dibujando.

- En una fotografía que tú mismo tomaste. Ahorra tiempo el trazar sobre una fotografía (tuya y solo tuya) los volúmenes más importantes para la composición de una perspectiva compleja o alguna pose humana muy específica o poco convencional. Esto se usa en trabajos muy puntuales y casos especiales.

Cuando uno desarrolla cierta técnica descubres que es más fácil resolver un dibujo con 5 minutos de trazos que el ir a tomar una fotografía y luego ponerla en una mesa de luz y ponerle el papel encima y finalmente terminas trazando tus propios volúmenes que no corresponden con la foto de referencia. En general las fotos solo se usan de referencia, es muy aburrido calcar directamente una foto.

- Para hacer cambios mínimos en el desarrollo de un proyecto. En este punto siempre recurro al ejemplo de la serie MadMen. En uno de los primeros capítulos, la esposa de Don Draper se enoja con su hijo, porque lo descubrió calcando. Don Draper, que en ese momento se encuentra en el dilema moral de que él mismo está usurpando una identidad, (¡SPOILER!) dice que no es importante, en su trabajo los ilustradores usan papel de calca a diario.

Es verdad, sobre todo en los ambientes de publicidad (y no me quiero imaginar en las épocas análogas) hay tantos cambios  en periodos tan cortos de tiempo que, el pretender avanzar en un proyecto sin fotocopias, calcas, uso de patrones e incluso arte predefinido, haría que tal o cual proyecto se estirara demasiado en el calendario.

- A veces puedes calcar tus propios dibujos, a veces no. Esto lo aprendí en las pocas veces que entré a clases en la facultad de arquitectura. Un día un maestro nos hablaba sobre el plagio en la arquitectura. En un punto nos advertía que un cliente podría acusarnos legalmente por plagio, si le vendíamos un proyecto que ya hubiéramos vendido a otro cliente, o bien que tuviera elementos importantes, que ya le hubiéramos vendido o construido a otro cliente.

Uno se preguntaba, pero si es algo original mío, entonces no es plagio. Yo puedo hacer lo que quiera, con algo que yo haya hecho ¿No?

Pues no. El caso aquí, es que el cliente te está pagando por que le realices un trabajo. Y si tú le presentas un trabajo por el cual ya te pago alguien más, entonces estas cometiéndole fraude a tu nuevo cliente. Lo mismo podría decirse de la ilustración. Así que, en mi opinión, uno ni siquiera puede plagiarse a sí mismo. Aunque ese asunto es complejo.

Cada disciplina artística tiene sus propias “normas internas” sobre el plagio y eso es algo que sólo se puede aprender luego de varios años de dedicarte a eso. Incluso, durante tu desarrollo caerás en plagios sin siquiera darte cuenta. Yo he caído en plagios y podría apostar a que todos los artistas del mundo cayeron en plagios accidentales o por inconsciencia durante los primeros tres a cinco años de su desarrollo.
  
Y ESO A MI QUE ME IMPORTA, YO VINE A LEER SOBRE HAKUNITA.

Luego de haber dicho todo lo anterior, mi opinión al respecto es que Mariana Villanueva (Hakunita) era muy joven como ilustradora. A pesar de que ya tiene 25 años de edad, creo entender que apenas llevaba dedicándose a esto desde el 2012. O sea, tenía 4 años de haber empezado a desarrollarse como ilustradora.

La mayoría de los ilustradores cercanos a mí son personas que, como yo mismo, empezamos a formarnos (en serio y de manera académica) desde los 15 años, si no es que antes.

Lo que le sucedió a Haku, fue el desarrollo de un artista que se da, tarde y mal.

Irónicamente Haku no solamente mostraba de manera sugerente las selfies de su propio cuerpo, sino que también nos mostró accidentalmente los entretelones de una artista en formación. El error de haber copiado o calcado algo y pretender convencer a los demás que es algo original de nosotros, es un error que todos cometimos en la primaria e incluso en la secundaria, con nuestros amigos.

Ella lo cometió (lo siguió cometiendo más bien) en público y para una importante empresa trasnacional.

En el párrafo anterior utilicé la palabra –sugerente- a propósito. Pues de la misma manera que Haku (me refiero a ella ahora por su nickname, para separar en este aspecto su personaje de internet) sabía mostrarnos sugerentemente sus selfies, también sabía mostrarnos sugerentemente su arte. Un arte barroco, a veces saturado, con un poco de miedo al vacío. Porque precisamente a eso le temía ella como artista novicia, a que la consideraran vacía.

Haku pretendía aparentar no ser vacía (muchos podía (mos) pensar eso por sus selfies y sus entrevistas) y lo hacía, precisamente saturando sus ilustraciones.

¿Porque me atrevo a afirmar lo anterior? Porque todos los aspirantes a artista hemos pasado por esa etapa al inicio de nuestro desarrollo. Una etapa en donde pretendemos que nuestra obra sea más de lo que realmente es. En donde tenemos miedo de parecer un simple pretencioso, e intentamos arreglarlo siendo pretenciosos.

Esa etapa en donde le tenemos miedo al vacío de la hoja y a parecer nosotros mismos vacíos, todos la hemos pasado. Mariana apenas estaba atravesando por ella. Así terminamos haciendo dibujos que parecen tatuajes interminables o murales de grafiteros, porque no hay ningún espacio para descansar la vista.

Y finalmente la etapa donde, al preguntarnos sobre nuestro arte, intentamos justificarlo armando discursos que parezcan profundos, con palabras poco profundas. Yo el primero de todos.

Y es precisamente en estos puntos, donde te das cuenta que estás en frente de un artista en sus inicios. Y eso no es malo, ser un niño de primaria no es malo. Pero sacar a un niño de la primaria, antes de que la termine, si lo es.
  
ELLA TUVO LA CULPA POR VESTIRSE COMO MANGA.

De la misma manera en que una mujer joven, al subir cualquier imagen apenas sugerente a internet, ya es tomada como una seductora (por parte de personas inexpertas en el tema de la sexualidad), en los últimos años Hakunita (sigo refiriéndome a ella con su nickname) nos ha dado una demostración de que: enseñar sugerentemente dibujos de una artista en formación, pueden llegar a causar que un inexperto en la materia la considere una artista con un nivel comercial.

Haku no era ninguna de las dos cosas, ni era una seductora que explotaba su cuerpo, como muchos creen. He visto a mujeres más sugerentes en la vía pública o hasta en una biblioteca, y si han leído mis libros sabrán que es verdad. Y tampoco era una artista en condiciones de crear un arte conceptual. Ya que, como ahora todos podemos ver, apenas está lidiando con las formas básicas de lo que será (algún día) su estilo grafico de expresión.

Aún así, se la llegó a considerar ambas cosas, por parte de cierto tipo de personas. Personas que a mi parecer, les faltó y les sigue faltando capacidad de análisis. A los adolescentes que no tienen la capacidad de analizar (por ser jóvenes) el hecho de que no tienes que volverte fan de una mujer atractiva, tan solo por el hecho de serlo. Confesémoslo, eso es algo que todos aprendemos hasta que llegamos a la adultez.

Por su parte los empresarios o mejor dicho, sus headhunters no supieron analizar el arte de Hakunita y se dejaron llevar por el “efecto halo”, el cual por cierto deberían conocer, pues es algo que se estudia en cualquier carrera relacionada con el marketing.

BLA, BLA, BLA.

Todo lo anterior no es una justificación, es solamente una descripción de lo que pude observar que sucedió desde donde me encuentro. Finalmente Mariana Villanueva (por culpa de ella y sólo de ella) se metió en un problema grande, quizás en el problema más grande en el cual te puedes meter dentro del oficio de ilustrador. Y su caso en específico ha tenido repercusiones internacionales en cuestión de dos días.

Afortunadamente y por lo poco que se ha podido ver desde afuera, cuenta con el apoyo de personas de altos vuelos dentro de la escena grafica del país. Por un lado Edgar Clement que fué su mentor, hasta donde conozco. Y Luis Gantus, que por lo menos ya ha expresado en sus redes sociales que Mariana Villanueva puede contar con su apoyo. Seguramente ese apoyo ira más allá de las palabras en redes sociales, así que buena suerte para ella.

Este asunto seguramente se arreglará como suele ser, en privado y con dinero. Además de que no nos deberá sorprender si próximamente vemos productos de Microsoft México con arte del afectado original. Cuyo nombre no recuerdo y no voy a googlear, pues me parece curioso también el hecho de que su nombre no haya trascendido mucho.

¿Y ENTONCES QUE?

Y mientras Mariana Villanueva se recupera, ella, su autoestima, su imagen y lo que queda de su prestigio. Puedo sugerirle el volverse vlogger, standupera o las dos cosas. Estos dos gremios llevan siendo refugio de desempleados desde hace casi diez años. Si lo sabré yo.

Podría aprovechar el tirón de popularidad de #LadyPlagio, seguramente algo podrá rasguñar de las redes sociales. Podría ser nuestra Lindsay Lohan del gremio monero.

(Iba a poner nuestra Rob Liefeld mexicana, pero nadie habría entendido el chiste).

Voy a cerrar este muro de Berlín de texto, con algo que le respondí a un comentario en uno de los memes que subí ayer. Un seguidor me decía que se alegraba de no haber comprado una de sus camisetas, a la luz de lo que ahora estaba sucediendo.

Yo pienso que el hecho de haber cometido el error más terrible de tu vida, (hasta el momento) no significa que ya no valgas como persona o como artista. A lo mejor ahora, a ojos de los demás, vales menos. Quizás ahora vales diferente. Pero siempre algo queda, siempre queda algo con lo cual seguir trabajando.

Y ese es un punto por el cual también hemos tenido que pasar todos los artistas. El tener que reinterpretar, ahora no lo que vemos a nuestro alrededor, si no reinterpretarnos a nosotros mismos. Quizás ahora Haku pasará por esa etapa. Luego alguien le quitará la picota y la regresará, para ver quién de nosotros es el siguiente.

lunes, 19 de septiembre de 2016

EL FUTURO ESCRITO EN UN PERIÓDICO.

Hace un rato empecé a re visionar la serie Early Edition. Una popular serie de los noventas que trata de un tipo que un día empieza a recibir en la puerta de su casa el periódico con las noticias que van a publicarse al día siguiente. Es decir recibe las noticias 24 horas antes de que estas sucedan.

Cuando fui adolescente yo solía ver esta serie semana a semana, en una repetidora local, la transmitían alrededor del año 2000, cuando la serie ya había terminado. Yo fui muy asiduo a esta serie. La premisa era sencilla, además de sugerente y el procedimental siempre lo desarrollaban de manera muy dinámica. Que mejor imperativo moral para el héroe que el tener que evitar que alguna desgracia suceda, pero con los minutos contados en cada episodio.

Aun así este texto no va a tratarse sobre paradojas temporales o dilemas morales (aunque tampoco estaría mal). Al momento de estar mirando esta serie con mis 31 años encima, mi pensamiento se fue por lugares muy distintos a los que se iba cuando veía esta serie a los 15 0 16 años.

Empecé a pensar en cómo de cierta manera podríamos considerar que el futuro si existe. Podríamos incluso considerar (solamente con fines de entretenimiento, claro está) que el futuro efectivamente está escrito, igual a como estaba escrito en la serie, en encabezados de cuatro columnas.

Cada uno de nosotros somos dos personas (en realidad podría decirse que somos tres, pero para el caso que nos ocupa podemos dejarlo en dos). El yo presente y el yo futuro. Dentro de mí existe en potencia un Carlos futuro, más experimentado, quizás más sabio, pero también más viejo, con menos energía y con menos recursos físicos.

La vida de este Carlos futuro, más viejo, depende directamente de las decisiones que yo tomo el día de hoy.

Para la mayoría de la gente (yo incluido) el yo futuro es menos importante que el yo presente, nos parece menos importante, aunque en realidad es menos urgente (siempre solemos confundir esos dos términos). Mi yo actual es efectivamente el jefe, el encargado de tomar las decisiones que afectaran a mi yo futuro y también de juzgar las decisiones que ha tomado mi yo del pasado (¿Recuerdan que les dije que en realidad podríamos considerarnos tres personas?). Los gustos, los deseos y las necesidades del yo presente nos parecen más importantes que las del yo futuro.

Nadie tiene la vida comprada o garantizada. Pero vivir como si no hubiera un mañana, vivir la vida como si fuéramos a morir en las próximas semanas o meses, me parece como mucho una forma patética de vivir.

El día de hoy yo mismo disfruto las cosas buenas que mi yo del pasado se preocupó por darme. Mi yo del pasado se la pasó miles de horas sentado, primero en una mesa del comedor de mi casa, y después en un restirador (mesa de dibujo), para que hoy yo pueda decir que sé dibujar de una manera decente.

También mi yo del pasado se pasó los fines de semana leyendo y ejercitando el musculo intelectual, para que hoy yo pueda analizar textos, incluso hechos concretos, en cuestión de minutos y de la misma manera improvisar una opinión rápida, escribirla igualmente rápido y que aún así termine resultando mínimamente interesante.

Pero también mi yo pasado dejó en el descuido (por necesidad, no fue realmente su culpa) aspectos de mi persona, los cuales hoy ya bien entrado en mi tercera década de vida, tengo que apurarme en corregir. Así por lo menos habré intentado ser responsable con el acuerdo tácito que tengo con el Carlos futuro de cuarenta y tantos.

Cuando realizo acciones o tomo decisiones pensando en mi yo futuro, tengo una doble sensación de gratificación, por un lado la sensación de haber tomado la decisión correcta (de verdad estoy orgulloso de todas las fiestas a las que no fui en mi juventud) y también tenemos la gratificación de pensar en lo bien que le va a sentar a nuestro yo futuro, todo lo que hoy estamos desarrollando.

En síntesis creo que lo que quise decir, desde el principio, era que tenemos que humanizar a nuestro yo del futuro. Considerarlo como un ente que de cierta manera ya existe. Y de la misma manera en la que hay personas que le ponen nombre a sus mascotas, automóviles o hasta a sus computadoras, habría que considerar que nuestro yo futuro es un individuo con sentimientos, sensaciones, consciencia de sí mismo. Preocupémonos por nuestro yo futuro (aunque de hecho no exista), por lo menos de la misma manera en que nos preocupamos por nuestro automóvil.


Seguramente el Carlos del futuro estará complacido por este artículo que acaban de leer, aunque lo más probable es que el Carlos del pasado se aburriría si tuviera que leerlo. Así suelen ser siempre las cosas.